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¿Quién quiere café? (y otras 10 conductas en redes sociales que no me gustan)

Tranquilo. Esto no se trata de un artículo a modo de gurú del marketing sobre cómo deben ser (o no) tu conducta en redes sociales. Todo lo contrario. Después de muchos “¡Pero qué molesto es!” o “¡Ya está otra vez el spammer este!” para mis adentros, pensé que la culpa era mía por no decir cuáles son los comportamientos en social media que yo evito, siguiendo la ley de ‘No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti’.

 

Por lo tanto, tómalo simplemente como mi guía personal con la que no tienes por qué estar de acuerdo. Aunque viendo algunos tuits que incluyo, parece que no estoy taaaan solo en esto.

 

 

1. Voy a empezar dando los buenos días a todo Twitter en un solo tuit

Si Doc volviera ahora al pasado, iría directamente a avisar a Marty McFly para que borre un tuit que mandó en 1998 y que aún anda dando vueltas por Internet. En ese tuit únicamente decía “Buenos días a todos” y mencionaba a 14 amigos.

 

Una secuencia tipo de estos tuits, sin incluir el nombre de los usuarios, sería así:

– Hoy va a ser un gran día. ¡Buenos días a todos!

– Yo ya preparé el café. ¿Quién quiere?

– Me apunto, que hoy no consigo abrir los ojos.

Aquí vendrían unos 35 tuits sobre el café en todas sus modalidades, tipos de taza y temperaturas. Hasta que nos acercamos al horario del mediodía:

– Pues yo me voy a comer, que ya toca.

Y así sucesivamente hasta hablar del clima, del final de la jornada laboral o dar las buenas noches. A continuación, se sazona y se mezcla todo en modo bucle.

Ojo, que es muy bonito reforzar los lazos en las redes sociales, pero creo que todos hemos sufrido en algún momento estar inmerso en un tornado de tuits que no conducen a nada. Ahora bien, si es para irnos a tomar ese café por Las Canteras, ¡entonces sí! 

 

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2. Te voy a hacer el favor de no hacerme fan de tu página

Según el último sondeo del CIS, de cada 1.000 invitaciones que me llegan a páginas de Facebook, 659 son negocios ubicados en otras ciudades, 137 son páginas de blogueras de moda y 184 son personas que me van a cambiar mi vida, a la que le falta motivación.

En mi caso, aun trabajando en el sector del marketing digital, rara vez invito a mis amigos a las páginas de Facebook que gestiono. Realmente, esto no tiene tanto que ver con no molestar a mis amigos, sino más bien con el hecho de segmentar correctamente al público de la marca. Aunque no lo crean, a esa persona que me invita a la fan page de su ‘tienda que tiene detalles monísimos para tus hijos’ le estoy haciendo un favor al no hacerme seguidor, porque, a la hora de ver qué publicaciones te muestra, Facebook valora mucho el interés que yo podría tener por ese producto. Y es ahora cuando vuelvo a perder opciones de encontrar una novia…

Así pues, como hago también con los eventos en Facebook, solo invito a quien estoy casi seguro de que va a estar interesado en ir y no en poner un ‘asistiré’ con menos valor que un ‘luego te llamo, si eso’.

 

3. Acerca de etiquetarme en las fotos en las que no estoy (ni se me espera)

Etiquetar en las fotos es muy bonito, de hecho es todo un detallazo, pero claro, cuando se cumple que efectivamente TÚ ESTÁS en la foto. Si la foto es de un rinconcito que te quedó monísimo en aquella tienda, porque los zapatos de los bebés y la cuna último modelo se ven ideal bajo la ventana con una cortina de Peppa Pig, ya no es taaaaaaaan bonito. Piensa que además casi todo el mundo activa ya la opción de “revisar las etiquetas”, con lo que esa gran estrategia digital para tu empresa se va a derrumbar por no conseguir la visibilidad que esperabas. ¡Vaya! Sí, y encima a mí me haces ir al “Eliminar etiqueta”. Venga, quedamos para tomar un vino y nos sacamos una foto juntos y a Instagram. ¡Así, sí! 

Desde que Twitter también adaptara esa opción, no me canso de ver a gente que etiqueta a un montón de amigos en cada tuit con imagen, un auténtico martirio cuando nada tienes que ver con el contenido o no realmente te interesa. Eso sin contar que luego te meten en una conversación eterna del estilo ‘¿Quién quiere café?’.

GauchoConsejo: o desactivas la opción de etiquetado o sé muy rápido en eliminar la etiqueta que no te interese.  

4. No me obligues a leer tu nuevo y genial artículo

Si yo te sigo en tus canales y tú publicas en tus redes sociales el nuevo post que escribiste para tu blog, lo más probable es que tarde o temprano lo termine leyendo. Es más, si me parece interesante lo compartiré e incluso lo comentaré. Sin embargo, si lo que haces es mencionarme en Twitter cada vez que sacas un artículo para obligarme a leerlo, lo más probable es que termines molestándome. Esta práctica está más cerca del spam que de compartir valor en las redes sociales. 

Es más, ten en cuenta que, si es realmente bueno, lo más probable es que me termine llegando a través de muchos canales, así que no desesperes y ten mucha fe en lo que escribiste. Porque, claro, si tú tampoco crees en tu artículo, ¿no estás siendo un poco cruel con los demás, querido?

5. Si no sé quién eres, no te sigo

Esto no es tanto una práctica que me moleste especialmente, sino más bien una situación en la que no estoy igual de cómodo que si sé quién está detrás de tu canal. Para mí las redes sociales son precisamente eso, sociales, es decir, conectan a personas para conversar y compartir. Yo soy mucho más sociable en el cara a cara que en la red y es precisamente por eso por lo que no suelo seguir a perfiles que tienen de avatar una margarita, su nombre de usuario es ‘Aquí estoy yo’ y en la bio tienen una frase memorable de Woody Allen.

Me gusta ver la cara de la persona con la que hablo, ‘mirarle a los ojos’ aunque sea a través de Internet, así que, si tienes una foto tuya, mejor que mejor. Quizás no tienes puesta tu foto, pero sé tu nombre y pones una dirección a tu web donde veo lo que haces. Esa también es una forma de pensar que la persona que está detrás va de frente, es real y quiere conectar conmigo en igualdad de condiciones. También puedes invitarme a tomar aquel café, nos conocemos y luego seguimos hablando, pero no olvides que somos personas hablando con personas.

6. Tu botón ‘seguir’/’dejar de seguir’ es quizás demasiado sensible

Te sigo, no te sigo, te sigo, no te sigo, te sigo… Ya van, con esta última, ¡15 veces!

Me puse a pensar en alguna chica que me gustaba mucho y con la que intentaba quedar y me dije: ¡Coño, ni yo fui tan insistente! Porque la primera vez tenía ella una cena con su prima, claro, la famila es lo primero. Luego tuve la ‘mala suerte’ de querer quedar el día que se juntaba con sus amigas de baile a las que no veía hacía 12 años. ¡Qué bonito reencuentro…pero qué casualidad! Ya la pista definitiva fue cuando me dijo que ‘no te lo vas a creer, Gauchito, pero me acabo de apuntar en un curso que me prepara para entrar en Gran Hermano 28 y justo hoy es la clase de Cómo saludar a Mercedes Milá. Pero seguro que nos vemos otro día’. Lo que es seguro es que entendí el mensaje, yo no le interesaba lo más mínimo a esa chica, así que ya no insistí más. Pero Ángel Antón, sí. Él sí insiste. 

El problema de esto es que hay grandes especialistas del social media marketing que te dicen en sus clases que sigas a todo el mundo para llamar su atención y si te sigue, lo dejas ahí, aunque no hables con esa persona en toda tu vida o no tenga que ver en absoluto contigo. Ni tan siquiera importa si es real, lo importante es tener 100.000 seguidores y seguir a 100.000 para poder ser un gran influencer. Si no te sigue, tranquilo, lo dejas de seguir un tiempo, que ya entrará en otra rueda de ‘follows‘.

7. Komo kieres ke me hinterese lo k dises!!??

Sí, lo reconozco. Soy un pijito con la escritura. Para mí escribir es maravilloso y nuestra lengua es realmente hermosa. Creo, además, que es uno de los grandes valores para los que trabajamos en comunicación escrita en Internet, en copywriting, en gestión de blogs para marcas, etc. No pasa un día sin que consulte la página de la RAE o la de Fundéu, dos herramientas tan importantes como mi teclado. Por supuesto que todos podemos cometer fallos, claro también que “lo importante es que el mensaje llegue, Gaucho”, pero, lo siento, yo no puedo seguir a cuentas que me dan dolor de ojitos.   

Disfruto mucho con la gente que escribe bonito, pero también con la que escribe correctamente. Es un placer leerlos. ¡Si es que lo paso mal hasta cuando no ponen el signo de interrogación de apertura! 

Así que, en este caso, además de que tengo pendiente otro artículo específico sobre el tema, me permito recomendarte algunas cuentas que tratan bien nuestro idioma: @raeinforma, @fundeu, @yaitwitt, @xosecastro, @magaviajera¡y Vive las letras!  

Por cierto, #escribir #así #también #me #desagrada #mucho. ¡Ya no hay quien se lea los textos de una foto en Instagram!

8. El espantoso caso del DM automático

      • Hola, soy el contestador automático de tu nuevo ‘follow’. En este momento no tengo el más mínimo interés en hablar contigo. Más tarde, seguramente tampoco. 

Activaste un bot para que, al seguirte, me llegue un saludo de manual con un enlace a tu web a través de un mensaje directo, un regalo que tú me haces porque te puede la generosidad. Pues que sepas que más automático es mi ‘unfollow‘ cuando alguien me recibe así en su casa. Me largo sin dejarte ni tan siquiera una caja de galletas del lazo amarillo ni nada.

9. ¡Eres es un auténtico crack! Y guapo y listo y maravilloso…pero no ciego.

En el lado contrario a esos que te envían los DM automáticos sin saber ni quién eres, están tus fans incondicionales, los que te alaban por encima de sus posibilidades (y tus merecimientos). Bueno, a ti y a un millón más. De hecho, buscan su notoriedad a costa de adular exageradamente tu trabajo (y el de un millón más), especialmente si te ven cerca del entorno de otra persona sobre la que quieren llamar su atención. ¡Ah! No digo que no funcione, en absoluto, de hecho se sabe que es un ascensor ultra rápido, pero a mí personalmente me incomodan esos piropos. Hay mucha gente que ha llegado muy alto aplaudiendo a otros profesionales.  

También se le puede sacar muy buen partido a la vertiente política, basada en planes de rentabilidad variable a 4 años con intereses muy claros. Vamos, ¡y tan claros! Porque lo más llamativo de los que llevan a cabo estas teorías de arrastramiento, es que creen que no se ven. Pero sí, no somos ciegos.  

Una de las razones por las que menos me fío de esta conducta es porque, en un sinfín de ocasiones, he leído a algunos derrochando halagos en público y luego criticarlo en privado. Y ya se sabe lo que el sabio refranero español dice que hagas cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

10. Si me vas a mandar un mensaje en LinkedIn, echa un ojo primero a mi Currículum Vitae.

LinkedIn es, como ya sabes, la red social profesional por excelencia, la que conecta los CV de medio mundo. Pues bien, ¿no crees que lo primero que deberías hacer al agregar a alguien es leer el suyo? Me llegan a menudo mensajes privados con invitaciones a eventos que, por la ley del ‘Tú mándaselo a todos, que a alguien le llega’, no tienen absolutamente nada que ver conmigo o que, por el contrario, tienen tanto que ver conmigo que evidencian que la persona ni sabe a qué me dedico ni se molesta en segmentar a su público. 

Y es que por poquito que sepas lo que hago en mi vida, que veas los másters en los que soy docente de Social Media Marketing o de otras especialidades de Marketing Digital o desde qué plataformas tuiteo, verás que insistirme para que me apunte a un curso para el manejo de Hootsuite no es algo que me vaya a ilusionar demasiado. Claro que podría ser peor. A lo mejor también lo recibió mi madre, que ni siquiera está en LinkedIn…que yo sepa.

11. En las redes sociales se hace lo que yo diga

Si bien todas estas conductas en redes sociales me resultan molestas y yo también intento evitartelas, una de las que más me incomoda es la de los pseudo-gurús que van diciendo lo que hay que hacer o lo que no hay que hacer en cada canal, si a Twitter se viene a hablar de mi libro o el tipo de vídeos que hay que subir en Youtube.  

Me he encontrado a alguno de estos que va por ahí dando clases magistrales de psicología de la comunicación, pero que, luego, si te ve por la calle, no es capaz ni de mirarte a los ojos para saludar. Pues a ese yo le digo que lo único que hay que hacer en las redes sociales es sacarle el partido que uno quiera, ya sea profesional o lúdico, ya sea para hablar de su último ligue, reírse de la borrachera con sus amigos o para compartir sus conocimientos de marketing o agricultura agropecuaria. Vamos, lo que viene siendo un “yo uso las redes sociales para lo que me da la gana”. ¿Quién quiere un café?

Y a ti te invito a que me comentes aquí en el blog qué opinas de estas conductas y que me compartas las conductas que a ti personalmente te molestan. También podemos comentarlas en mi Twitter @elgauchocanario.

 

Y, de regalo, para los que dan los buenos días con un buen café, un montón de geniales formas de servirlo.

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Javier Rodríguez

Comunicador por vocación |Ingeniero por error | Músico venido a menos |Deportista de chiste

Consultor de Publicidad y Marketing Digital | Estrategias | Social Media Marketing

Docente en #MBAturismo (Instituto Canario de Turismo), #MktIMF (IMF Business School) y #MasterBrandoffon (Esden Business School ).
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22 Comentarioss

  1. José Díaz- Reixa - 8 octubre, 2015

    Sublime, Gaucho. Y no por adular ni nada por el estilo, sino porque expresas todo lo que pienso yo y no podría simplemente por no saber explicarlo con tanta claridad en cada uno de los ejemplos.
    Gracias.

    Pd: a ver cuándo nos tomamos un café ;))

    • Javier Rodríguez - 8 octubre, 2015

      jaja. Muchísimas gracias, Jose (aunque aquí eres José). Yo lo que intento es ser coherente con las cosas que me molestan a mí, solo eso. Seguro que tú también encuentras alguna conducta que te incordia. Un abrazo.

      PD: ¿Se puede cambiar por una cerveza?

  2. Norberto Morales - 9 octubre, 2015

    No puedo estar más de acuerdo, y contemporizando con el nuevo “me gusta” de Facebook te digo que “me encanta”. Unas cuantas verdades. A veces alucino con peña (y no digo profesionales) que gestioman RRSS y se pasan todo el día pidiendote “me gusta” a sus páginas… Sin tener en cuenta si eres o no target. Me mata que me obliguen a estar donde no quiero (etiquetados, menciones, eventos). Asumo mi visibilidad social en redes, pero quiero ser el dueño de mis actos y sobretodo de mis perfiles. Buen día Javier. Gracias una vez más por compartir tanto conocimiento (no es peloteo, y lo sabes, jajajacontemporizar). Saludos

  3. Rosa López - 9 octubre, 2015

    Gracias por éste post. Me lo he pasado genial. Saludos.

  4. Jessie - 9 octubre, 2015

    De veras que no lo entiendo. Cumplo todos tus requisitos y además soy monísima pero no me quieres en Facebook 😛
    Veo tus “dis-gustos” y subo a: gente que publica cosas de otros sin mencionar a los autores y reciben los halagos de sus “amigos” como si lo publicado fuera creación suya. La necesidad que tienen algunos de ser “alguien” en las redes sociales es enfermiza.
    Besitos.

  5. Alfredo - 9 octubre, 2015

    A mí lo que más me molesta de las redes…, son las redes sociales. Afortunadamente no tengo ni Facebook, ni twitter, ni Instagram ni nada más que un correo electrónico, ni siquiera tendría Google + si no fuera porque me “obligan”, pero ni lo miro ni lo uso.
    Quizá el día que me jubilie, o no tenga trabajo pueda perder tiempo y productividad.

  6. Andrea - 9 octubre, 2015

    Ay, la del cursito de hootsuite…

  7. Patty Alar - 11 octubre, 2015

    Excelente nota. Yo odio que me hablen para vender, likes, e infinidad de cosas que no me interesan.

  8. Natalia Macías - 13 octubre, 2015

    Genial, para variar.. Tremendo don tiene usted para la escritura.
    Y que me dices de los luchadores insaciables de causas tales como: perros preciosos abandonados en albergues, apoyo a la lactancia aunque tenga las muelas del juicio y haya hecho la primera comunión, gente que descubre el yoga y el veganismo y ya no vida en el más allá, entre tantísimas otras…

  9. Yaiza - 14 octubre, 2015

    Estoy muy de acuerdo con tu post, Javi.

    – Añadiría que me molesta (igual es manía mía) los usuarios que ponen en su bio “Trabajo en XXX pero lo que escribo aquí sólo me representa a mí”. Pues amigos, no pongan la empresa en la que trabajan porque puede ser contraproducente según las opiniones que publican. Déjenla para LinkdIn.

    – Otra práctica que me molesta es la de esos usuarios que en un principio tienen en su bio una buena descripción de su persona y cuando pasan de los 2000 seguidores, la cambian y ponen ‘Imaginando la vida’, ‘Mi alter ego’ e incluso nada. Pequeños egocéntricos que no se dan cuenta que Twitter no deja de ser un pequeño patio de vecinos comparado con la vida real. A veces, las redes les confunden.

    – Me repugna el #FelizLunes #FelizMartes, etc. de la misma manera que el ¡Buenos días! a secas, sin foto y sin más información.

    – El punto 6 es el mejor. El follow/unfollow comienza con Ángel Antón, sigue con el Alcalde de Jun y acaba con Advei School y todos sus trabajadores. Son muy cansinos. BLOCK directo.

    – Respecto al punto 11, estoy muy de acuerdo. Incluso muchos de ellos que abogan por interactuar con los usuarios (que de eso va Twitter también), sólo interactuan con sus ‘amigotes tuiteros’, y al resto, ni caso. No, así no les voy a hacer caso.

    – Otra práctica que me molesta, especialmente en las cuentas que tienen que ver con programas de televisión es la ausencia del CM en momentos de conversaciones imprevistas en el horario de ocio del encargado de la cuenta. Un CM tiene que estar ahí cuando se genera una conversación intensa, que en muchos casos consigue más repercusión que los tuits programados.

    – Y por supuesto, el autobombo. Aburre. Aburre mucho.

    Besos,
    Yaiza

    • Javier Rodríguez - 15 octubre, 2015

      Querida Yaiza,
      ¡qué te voy a decir!
      Muy currado tu comentario y con mucho criterio (como era de esperar en alguien que ‘sufre’ las redes sociales). Muchísimas gracias, aunque es lo mínimo después de haberte citado y todo. jaja.
      Un beso grande.

  10. Esteban - 21 octubre, 2015

    Me molestan especialmente los relatos de la vida privada, las fotos de menores de la familia, el exceso narcisista de algunos/as y los comentarios halagüeños insípidos y cursis de algunas, además de lo que señalas.

  11. Marlene - 9 julio, 2016

    Toc,toc..
    Hola mi nombre es Marlene y sin ánimo de convertirme en una pelota… he de felicitarle por esta entrada. ¡Me ha encantado!.
    El don de la escritura no es algo muy común y es fácil reconocer a la que persona que lo hace bien, así que muchas gracias 🙂 :).
    Por otro lado, comentarle que ha sido muy simpático y que me quedo con lo de “querido” y lo del “dolor de ojitos” jajajajajjaj, todavía me estoy riendo.
    Tomaré nota, ha dicho cosas muy interesantes y siempre es bueno que te muestren un nuevo punto de vista. Lo que no sabía, es que se podía hacer desde ese punto cómico.

    Pd: es la primera entrada que leo de principio a fin, por algo será.

    Un abrazo,

    Marlene Velázquez

    • Javier Rodríguez - 14 julio, 2016

      ¡Ooooooooh! Muchas gracias, Marlene. Que te molestes en escribir este comentario hace que den más ganas de escribir. Y creo que el humor funciona siempre, incluso en las cosas más serias de la vida. Me alegra un montón que te gustara. Un beso grande.

  12. Luis - 1 noviembre, 2016

    Ya lo apuntaba usted en su artículo: “(…)si es realmente bueno, es muy probable que me acabe llegando a través de muchas redes…”. Pues en esta fecha que me llegó, y bastante que me alegro. ¡Y no será porque no nos vemos en ese paseo! Tan instructivo como ameno y divertido. Gracias Gaucho.

    • Javier Rodríguez - 3 noviembre, 2016

      Muchísimas gracias, Luis. Me alegra mucho que te haya gustado. Precisamente, la idea era “enseñar”, pero desde un punto divertido y fácil de ver. Te doy permiso (venga, anda, porfi) para que lo compartas a gusto.
      Un abrazo y nos vemos en el paseo ese. 😉

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